La uberización llega a los vuelos en jet privado

La uberización llega a los vuelos en jet privado

Los jets privados están dejando de ser un medio de transporte reservado unicamente para una élite. Los ejecutivos siguen utilizándolos, pero el ciudadano de a pie, excluido hasta hace poco de este mercado, se interesa cada vez más por esta forma de viajar que puede salirle a cuenta y ahorrarle fastidiosas colas de espera antes de el vuelo, controles de seguridad y asientos cada vez más pegados los unos a los otros.


Pre-flight checks on a Wingly flight (© Wingly)

En los últimos años han comenzado a aparecer “brokers”, en su mayoría “start ups”, que ponen en relación a clientes y operadores. Parten de un dato: entre el 30% y el 40% de los aviones privados, realizan trayectos sin pasajeros, ¿por qué no viajar con otras personas para abaratar costes o aprovechar un jet, que tiene que recoger o dejar a uno de sus clientes y realizaría, si no, uno de esos trayectos de vacío?


Passengers on a Wingly flight (© Wingly)

Los llamados vuelos ferry, dead leg o empty jet son una propuesta ventajosa tanto para los operadores como para muchos clientes que no son forzosamente ricos. Este tipo de vuelos se ofrece a un precio reducido, incluso a veces a un 70% menos que el precio estándar para la misma ruta. Hay empresas que ponen en contacto a las personas que desean realizar un viaje en avión privado con los pilotos disponibles en ese trayecto, si viajan de vacío. Eso sí, no hay que tener mucha prisa y ser flexible ya que si el cliente principal (que ha pagado por la ida y la vuelta) anula o retrasa su viaje, él es prioritario. Pero si uno logra ajustarse a un “dead leg”, viajará en un avión a su disposición, partiendo de un terminal privado y el embarque se realizará en unos minutos nada más.

Esta opción “Airbnb” del viaje a medida en jet cuenta con compañías como Wingly flight. Los pilotos se inscriben en la plataforma y una vez que se comprueban sus datos, añaden los detalles de los vuelos que tienen planificados y el cliente que lo desee, realiza la reserva. Cuando una persona pasa su permiso de piloto tiene la obligación de cumplir una serie de horas de vuelo al año. Los pilotos no sacan un beneficio directo en términos económicos, pero este sistema les permite acumular horas de vuelo y además se abarata el coste del trayecto para el operador.

Ejemplos: un vuelo de ida de Hannover a Berlín sale 99 euros (129 euros es la opción comercial más barata para ese mismo día), un París a Estrasburgo cuesta en esta plataforma 122 euros (cuando una aerolínea “low cost” propone 213 por ese mismo trayecto).

Si Wingly es el Airbnb en la aviación privada, el equivaleste a Spotify sería Surf Air Funciona por suscripción. Sus miembros pagan algo menos de 2.000 euros al mes, y aunque la cifra para muchos sea prohibitiva, la ventaja para quienes pueden pagarla es que pueden realizarse tantos trayectos como se deseen, una oferta ilimitada que puede amortizarse rápidamente si ha planeado viajar con asiduidad en un periodo corto de tiempo.


Inside a Surf Air jet (© Surf Air)

La aplicación Victor, nació en 2011 y propone una flota de 7.000 jets privados en más de 40.000 aeropuertos y en 157 países. Aunque los precios no están al alcance de un presupuesto medio.

¿Y en España?

Ahondar en el tema es más difícil. Los operadores y las plataformas dedicadas a ello son reticentes a facilitar datos o cifras.

“Es una industria muy opaca, porque no hay precios, cada avión es diferente y cada propietario puede pedir una tarifa distinta”, explica Eymeric Segard, director de LunaJets, desde Ginebra.

Hace nueve años, ellos fueron los primeros en Europa en poner en relación a clientes potenciales con los operadores de jet privados. En España trabajan entre otros con la madrileña Gestair , que registra el 85% de los vuelos de este tipo en el Estado; en Palma de Mallorca con Albastar Atlantic Air Solutions, o la catalana Flightline

“Todo lo que los operadores vayan a obtener en ese tipo de vuelos, con un trayecto que en principio harían de vacío, son ganancias. La desventaja es que estos vuelos no se confirman hasta el último minuto”, advierte.


Segun Segard hay que distinguir entre las diferentes fórmulas “discount”. Actualmente “muchos operadores comienzan a proponerlas también”. La que ellos practican en LunaJets no tiene nada que ver con la economía cooperativa. Trabajan con pilotos confirmados con miles de horas de vuelo. “Hay otras empresas que utilizan aviones de hélice privados y trasladan pasajeros de un lado a otro como un taxi. Pero eso plantea la misma problemática que con Uber. Estas empresas venden plazas a personas que tendrán a su lado, otras personas sentadas, esto es una práctica comercial, en aviones privados”(…) Por otro lado, “los pilotos con quienes trabajan son pilotos privados, no comerciales. Fletar un mono motor cuesta alrededor de 200 euros por hora. Intentan llevar a los pasajeros de un lado a otro, como un taxi. Los precios están bien, porque los pilotos deben realizar horas de vuelo… Pero el problema con esos aviones pequeños es que si hay mal tiempo, el vuelo se anula, en verano es genial, pero en invierno…”

Segard advierte que partir de un terminal privado siempre es más caro que hacerlo con un avión comercial. Y pone un ejemplo de un Málaga – Zurich. El precio dependerá de la talla del avión con el que vuele el cliente principal. “Pongamos: dos horas de vuelo en un avión de 4 plazas saldrían por 4 mil o 5 mil euros. Si se trata de un Falcon 2.000 el precio rondaría los 8.000 euros, por un vuelo que normalmente costaría entre 15.000 y 20.000 euros”, concluye.

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