La sostenibilidad aplicada al guardarropa

La sostenibilidad aplicada al guardarropa

La sostenibilidad aplicada al guardarropa

Todo empieza mirando qué tenemos dentro de los cajones y los armarios. Al hablar de sostenibilidad y moda, uno piensa automaticamente en las etiquetas “eco-friendly”, en prendas de productos puros, de fibras nobles: algodón o lino, fabricados en la otra punta del planeta. Pero quizás la sostenibilidad en la moda sea, ante todo, un hábito que comienza por nuestro guardarropa. Las campañas para alentar a jóvenes y no tan jóvenes ya están saltando a las redes, con frases, como ésta, con las que se pretende que los consumidores, independientemente de su género, recapaciten.

  • “Probablemente no volveré a usar este vestido, ya que ya está en mi Instagram”, dice la etiqueta en una pieza de ropa, junto a “Made in China”. *

Elizabeth Illing, graduada en Moda en la Universidad de Artes Creativas de Londres, creó la campaña Stopshop. Ese fue, de hecho, su trabajo de fin de carrera . El proyecto se hizo viral en Instagram: //www.instagram.com/project_stopshop/? al publicar algunas citas de consumidores sobre el fast fashion o moda rápida.

Elisabeth se dio cuenta de que mucha gente aplica la ética a su estilo de vida y toma conciencia sobre los cambios para mejorarla en lo que respecta a la comida, los viajes, los trabajos, pero la moda, escapaba a la criba. Hasta ahora, porque la “moda lenta” se está invitando al debate.

Los minoristas actúan siguiendo el modelo contrario, la “moda rápida”: se basan en las tendencias de los grandes modistos y las pasarelas de las “fashion weeks” para crear micro tendencias de moda varias veces al año con el fin de acelerar las ventas. Producen prendas muy rapidamente y a bajo coste generando interés y por consiguiente, ventas. Entre la lista de marcas que siguen este proceso figuran, por mencionar algunas: Zara, H&M, Mango, o Primark.

Resultado: el consumidor se lleva a casa una prenda por 15 euros, aunque no le encante. Nuestros armarios se llenan de artículos baratos y deshechables. Un desastre para la cartera… y para el planeta. Los efectos socioambientales causados por esta tendencia en la industria de la moda se pueden cifrar. Por poner tan sólo un ejemplo: producir el algodón necesario para la confección de una camiseta, conlleva 2.700 litros de agua

Tras esta reflexión, Illing creó una etiqueta “wardrobe waste” lo que podría traducirse como “desperdicios del guardarropa” para demostrar hasta qué punto gastamos dinero en cosas que casi no nos ponemos. Y además realizó una encuesta para calcular cuántas veces, de media, se usa cada prenda. Por útlimo, para representar su trabajo, realizó una instalación con los recibos, sobredimensionados, que plegó como si fueran camisetas, por cada artículo del guardarropa.

El mensaje de Elizabeth Illing y de quienes como ella apoyan la moda ética puede resumirse así: ya es hora de cuidar el planeta y de cuidarnos, comprando unicamente las prendas que se necesitan, privilegiando la calidad y el uso real que les daremos.

Nuestro modo de vestir puede decir mucho sobre una persona y la moda sostenible no lo será si es sólo otro fenómeno de moda. Su pertinencia está, según recuerdan sus adeptos en el largo plazo.

Si la “slow fashion” o moda lenta, haga clic aquí.

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